A principios del siglo XIX, el sistema colonial de “castas” se mantuvo firme en su lugar. El sistema organizaba la vida social, religiosa, política y económica en papeles predeterminados y fijos basados en los factores de nacimiento y etnicidad. El sistema no sólo determinó el trabajo para los 500,000 habitantes de la península de Yucatán, sino que estableció las tasas de impuestos y tributos al estado y a la Iglesia.


Para los mayas de Yucatán, el sistema de castas amenazó a cada aspecto de comunidad, especialmente su agricultura tradicional, la milpa. Muchos mayas fueron forzados a trabajar en el sistema de las haciendas, en el cual el patrón español obligó a los indígenas locales a trabajar sin salario en un estado de peonaje de deuda. La Iglesia Católica era uno de los terratenientes hacendados más importantes.


Aunque gran parte de México se alejó del sistema de castas y haciendas después de haber ganado la independencia de España en 1821, en Yucatán elementos de este sistema colonial persistieron, preparando el escenario para la Guerra de Castas en 1847. El sistema de haciendas se transformó en uno de plantaciones de caña de azúcar y la fibra vegetal henequén, lo cual también necesitaba mano de obra abundante y barata, y acceso a terrenos tradicionalmente controlados por los mayas.

SALA 2

YUCATÁN EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XIX:

la vida de los mayas